En cualquier parte, pero no en cualquier espacio

En cualquier parte, pero no en cualquier espacio

Hace algún tiempo que salimos de los cubículos de oficina (afortunadamente) y nos asomamos a espacios de trabajo diáfanos y abiertos que fomentan la colaboración y la transparencia. Ya no (solo) se trata del tiempo que dedicamos a una tarea, sino del resultado que obtenemos y cualquier detalle puede afectar a la calidad de ese resultado por el que se nos valorará.

Si comer, dormir o caminar han sido acciones naturales para el común de los mortales a lo largo de la historia; compartir, conectarnos y colaborar son principios básicos del trabajo en el siglo XXI. Y una de las ventajas de ese entorno post cubículo es que nuestro puesto de trabajo puede estar en cualquier parte. Sí, en cualquier parte, aunque no en cualquier espacio. Solo nos vale dar un resultado excelente en cada proyecto, en cada tarea, y lograrlo pasa por hacer que cada aspecto del proceso se dé en las condiciones y el espacio óptimo: que nos permitan colaborar y trabajar conectados, que nos ayuden a aumentar la productividad y que nos proporcionen una atmósfera estimulante.

Trabajamos por objetivos y somos conscientes de que a nadie le importa cuántas horas dedicamos a aquel proyecto que nuestro manager archivó en su carpeta de tanto-tiempo-para-esto? Y es que, si cada persona es única, si cada proyecto tiene características diferentes y si nuestro estado de ánimo y energía no es siempre igual, ¿por qué entonces deberíamos seguir pensando que un mismo espacio nos ofrecerá el entorno adecuado para todo?

Igual que un grupo de valientes decidió un día salir de sus cubículos y mirar a su alrededor, ha llegado el momento de ir más allá de los límites de la oficina. Quizá, allí dónde ahora no alcanza tu vista es dónde se esconde ese grand slam profesional que marcará el punto de inflexión de tu carrera.

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